martes, 21 de febrero de 2012

Libros para reflexionar III

Vuelvo a Pessoa y a su Libro del desasosiego.
Genial y clarividente reflexión.

"He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca a la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad , siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.

Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me he quedado, como otros, en la orilla de las gentes, en esa distancia de todo a la que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiese pensar, se pararía.”

jueves, 9 de febrero de 2012

Crisis moral

Hoy se puede decir que realmente estamos tocando fondo. La crisis económica, pandemia que se está cebando con países como Grecia o España, lejos de amainar, se agrava cada día. Pero hay otra crisis que nos hunde igualmente en la miseria, la crisis moral. Y no hablo de esa crisis de valores espirituales que enarbola el catolicismo mientras su líder en la tierra se calza unos Prada. Hablo de que en España ya no distinguimos el bien del mal. Por lo menos, no lo distinguen los encargados de admisnistrar justicia. Nunca hemos sido el paradigma de la equidad y el comportamiento ético, pero cuando los ciudadanos vemos cómo los culpables son declarados inocentes y los inocentes condenados por señalar la culpabilidad de los primeros, hemos tocado nuestro fondo moral.

Que el juez Garzón haya sido inhabilitado (¡por unanimidad!) once años por las escuchas en el caso Gürtel es bochornoso e indignante. Más aún cuando los implicados en la trama han sido absueltos. Nunca me ha dado más vergüenza este país de pandereta, de ladrones impunes, de desmemoria histórica, de Quijotes apaleados, de nepotismo sangrante, de inútiles encumbrados y justicia oligofrénica. 

Me pregunto hasta cuándo aguantaremos sin gritar, sin decir basta ya, hasta aquí habéis llegado sinvergüenzas. Porque cuando los poderes (¿independientes?) dejan de representar al pueblo no se puede hablar de democracia. Y el pueblo está decepcionado, pero sobre todo, cansado, harto, enfadado y (no nos cansaremos de decirlo) INDIGNADO. 

Solo me queda decir una cosa: ¡Váyanse a la mierda!

martes, 7 de febrero de 2012

En defensa de lo público

Hoy es la manifestación por los servicios públicos. Creo que todos deberíamos asistir, tanto los trabajadores de estos sectores como los beneficiarios. Porque los drásticos recortes de estos servicios menoscaban nuestros derechos como ciudadanos. Porque la crisis no legitima ciertas actuaciones. El fin no justifica los medios y nunca estuvo tan bien puesto el adjetivo "maquiavélico" al comportamiento del gobierno de la CAM. Para recortar gastos no se puede reducir la calidad de la sanidad o la enseñanza.

Y es ahora cuando debemos reaccionar. Porque, con la excusa de la crisis, están recortando nuestros derechos básicos, los que vienen recogidos en la constitución. No es momento de conformarse y resignarse, es lo que quieren que hagamos. Si ellos se creen sus huecos discursos, llenos de lugares comunes y fórmulas maniqueas, que den ejemplo. Que se bajen los sueldos, que reduzcan consejeros y asesores puestos a dedo (la Espe los confunde con los interinos), que justifiquen hasta el último céntimo que gastan de nuestro dinero o que respeten las listas de espera para intervenciones y tratamientos médicos en hospitales públicos.

Como no les plantemos cara, en pocos años reproduciremos el modelo norteamericano. La sanidad caerá en manos privadas y quien no tenga dinero sencillamente no tendrá derecho a ella. La educación premiará a los mejores, fomentando la competitividad y colgando el cartel de "perdedor" a los niños con necesidades educativas especiales, para los que no existirá alternativa a la excelencia. Todo se medirá y cuantificará, en busca de la óptima productividad y la obtención de beneficios, porque nuestra salud y nuestra cultura se convertirán en un negocio del que sacar provecho. Es el camino que llevamos. 

Si siguen a pies juntillas las máximas de Maquiavelo para ser un buen gobernante, que no olviden lo que dijo:

"El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo".